miércoles, 21 de septiembre de 2011

martes, 20 de septiembre de 2011

Ruta por UK (9): el Lago Ness, paisajes y un castillo

Después del interludio musical, vuelvo a la carga con nuestra ruta británica, interrumpida en plena etapa escocesa.

Aquel día salimos de Inverness dispuestos a encontrar a Nessie, el monstruo del lago Ness. Como decía en un post anterior, el lago está situado al sur de la ciudad. Es enorme, mide casi 40 km de punta a punta (bueno, es muy alargado pero muy estrecho en comparación), y hay una carretera que lo bordea.

Lo que pasa es que no te ponen fácil lo de encontrar a Nessie. Hay dos elementos que conspiran en contra del intrépido encuentra-monstruos.

La primera es la densidad boscosa de Escocia. Yo no había visto tantos abetos en mi vida. Una brutalidad. Supongo que todos los árboles de Navidad del Reino Unido saldrán de Escocia; y no hace falta que replanten: no se los acabarán en la vida.

La segunda se debe a que, en Gran Bretaña, la mayoría de la tierra está en manos privadas. Al menos eso dice en la super guía que le regalé a mi santa esposa para su cumpleaños.

Esto hace que, mientras lo bordeas en coche, no veas el lago durante la mayor parte del tiempo. O entre el lago y la carretera hay una masa de árboles bestial, o hay una finca privada. Vamos, que para ver el lago tienes que estar atento y pararte en uno de los pocos sitios que hay para apartarse con el coche (no lo llamaría ni mirador). Así pudimos hacer alguna foto. De Nessie, ni rastro.



Lo de los miradores en este país también tiene miga. Esto nos pasó varias veces. Ibas conduciendo, viendo un paisaje precioso, y decías "vamos a pararnos a hacer unas fotos, que merece la pena". Cívicamente, no te parabas hasta que encontrabas un aparcamiento señalizado (hay bastantes), y cuando te bajabas del coche, ¡plas! había un montículo o unos árboles junto al aparcamiento tapando toda la vista. Yo creo que lo hacen para joder.

Aunque yo tenía ganas de hacer el guiri, mi santa esposa se negó a coger un crucero por el lago Ness, así que nos quedamos sin ver al monstruo. O no ...

De modo que seguimos hacia el sur, hasta el lago Lochy, que es bastante más pequeño que Ness.






Seguimos todo el día por la zona de lagos, hay tantos que ya no me acuerdo de cuál es cuál. La verdad es que el paisaje es bien bonito, nuestros temores sobre si nos gustaría Escocia comenzaban a disiparse.



Lo de tener un castillo a las orillas de un lago de estos no tiene que estar mal ...



En un punto indeterminado (sí, como guía turístico de las Highlands no tengo precio) encontramos este monumento a los soldados escoceses caídos en la Guerra Mundial:



El sitio era bien bonito:



Pasamos el día recorriendo las Highlands en coche. De muestra, varios botones.






Y aquí nuestro coche posando para los medios:



El recorrido que hicimos es circular, saliendo de Inverness hacia el sur, trazando el círculo hacia el este y de nuevo para el norte. En la última parte de la etapa nos detuvimos para visitar uno de los muchos castillos que hay en la zona: el castillo de Blair.



Es el castillo en el que, desde hace un montón de generaciones, han vivido los duques de Atholl. Aunque el actual duque vive en Sudáfrica, pero bueno. A lo largo del recorrido por el interior del castillo, a medida que ibas visitando las distintas salas (qué frío debían pasar en aquellos tiempos) te iban explicando la historia de la familia y tal.

El único lugar del interior del recinto en el que está permitido tomar fotografías es la sala de baile.



A juzgar por lo que colgaba de las paredes, los duques de Atholl deben ser muy mujeriegos.



Sí, amigos, os habla el rey del humor, y de paso me pongo el kilt (la típica falda escocesa).



Los jardines del castillo son una pasada (más que jardines, son bosques). Claro, con lo que llueve aquí, para como no tener el césped así de majo:





Los escoceses en general muy agradables, pero, como en cualquier parte a la que vayas, siempre te encuentras algún pavo:



Y desde el castillo de Blair, de vuelta a Inverness, donde esta vez cenamos en un pub bastante majete. Recuerdo que pedí una especie de timbal con haggis y black pudding. Tenía la firme intención de hacerle una foto, pero antes de darme cuenta ya me había zampado más de la mitad ... Sorry, Rous.

Así acabo nuestro primer día por las Tierras Altas de Escocia. En el fondo de mi corazón tenía clavada la espinita de no haber encontrado al monstruo del lago Ness. Algo me decía que no andaba muy lejos ...

viernes, 16 de septiembre de 2011

Hoy, Beirut

No el del Líbano, sino este:





PD: Germán, aclárame una duda. Ante las evidentes similitudes:









Respóndeme como sólo tú sabes: Manel, ¿los Beirut catalanes?

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Ruta por UK (8): Saint Andrews y para arriba

Como decía en el post anterior, esa noche encontramos alojamiento in extremis en un pueblecito de nombre Pitlessie, en un B&B que se llama Pitlessie House.



La casa era la mar de maja (victoriana, de 1700 y pico), y la casera, peculiar. Ya al entrar en la casa, nos hizo descalzarnos en el vestíbulo y ponernos unas zapatillas de estar por casa. Dices, bueno, así mantiene la casa limpia. Y la verdad es que sí, la casa estaba impoluta, y decorada en plan clásico, muy bien. De hecho, el baño era compartido (algo que siempre evitamos, pero esta vez no fue posible), y estaba perfecto.

Pero desayunando al día siguiente estuvimos charlando con ella, y la señora era, como digo, peculiar. Es alemana, y lleva varios años viviendo en Escocia. Vamos, nos contó su vida. Y chica, no nos conoces de nada, así que córtate con según que comentarios, ni que sea por prudencia, no tengo por qué compartir tus opiniones acerca de los inmigrantes de segunda generación.

Lo más surrealista llegó cuando nos marchamos. Va la tía y me pide (por favor, eso sí) que le ponga una opinión favorable en Tripadvisor. Se ve que se las había tenido tiesas con una gente que había estado alojada allí por una boda, y la debieron poner a parir, y quería que compensásemos. Normalmente, siempre ponemos nuestra opinión en estas webs (buena o mala, según toque), pero la verdad es que nunca me lo habían pedido abiertamente, y casi diciéndome qué tenía que poner. Y al día siguiente, ¡me manda un mail para recordármelo! Como os podéis imaginar, todavía no he puesto la opinión.

De Pitlessie nos fuimos a Saint Andrews, cuna del golf.



Todo en este pueblecito respira golf, está lleno de academias y de tiendas de material.



Te puedes pasear por el Old Course, el antiguo campo de golf de Saint Andrews. Es la mar de chulo, la verdad.






El Old Course está junto a la playa, lo que hace que sea un sitio muy agradable, aunque el tiempo no acompañaba demasiado.




Otro sitio muy chulo de Saint Andrews es la antigua catedral, que como se ve, está completamente en ruinas:






Aquí el claustro, o lo que queda de él:



La catedral fue destruida por un incendio hace un montón de años y así se ha quedado. Por cierto, Saint Andrews (San Andrés, vaya) es el patrón de Escocia. Y de hecho, la bandera de Escocia representa la cruz en la que fue crucificado San Andrés (en forma de aspa, de algo sirve haber estudiado en colegio religioso y tener buena memoria según para qué).



A media mañana dejamos Saint Andrews y pusimos rumbo a Inverness, camino de las Highlands (las tierras altas), cruzando el puente del Firth of Tay.





Al otro lado del puente, entramos en un super, nos hicimos con un poco de papeo y comimos con esta panorámica:



De vuelta en el coche, emprendimos nuestra ruta hacia el norte. Y es que Inverness está muy pero que muy arriba. El paisaje iba cambiando gradualmente:




De acuerdo, es bonito. Pero habiendo estado en Islandia, la verdad es que no era para tanto. Por un rato nos invadió la idea de si no nos llevaríamos una decepción con Escocia. Todo el mundo nos había hablado tan bien, que igual esperábamos demasiado.

A medio camino nos desviamos para ver un lago. Mira, nos (me) dio por ahí. Se trata de uno del montonazo de lagos que hay en Escocia. Aquí el lago Rannoch, aquí unos amigos.



Al atardecer llegamos a Inverness. Nos alojamos en un hotel bastante majo, se llama Craigmonie Hotel. Por primera vez en todo el viaje íbamos a dormir dos noches seguidas en el mismo sitio, y buscamos un sitio que estuviese bien. A esas alturas yo ya me sentía como una estrella del rock en plena gira, cada noche en un sitio distinto, menuda paliza.

Nos pegamos una ducha y salimos a cenar por ahí. Encontramos un sitio de comida típica escocesa, pero como era extremadamente tarde (las 20:30h, somos unos noctámbulos empedernidos) nos dijeron que nanay. En el fondo nos hicieron un favor, porque acabamos cenando en un restaurante indio que estaba genial.

La verdad es que Inverness no tiene ná de ná, parece un sitio más bien aburridete. El río Ness parte la ciudad en dos, y el paseo es agradable, pero poco más. Era un gusto saber que en España estaban a 40º esos días, y nosotros con el forro polar, jeje.



Por si alguien se lo pregunta, sí, el río Ness tiene que ver con el lago Ness. De hecho, el río sale del lago, cruza Inverness y desemboca más al norte.

Tiene su puente colgante:



Su catedral:



Y su castillo:




En algún post me he referido a la poca habilidad de los españoles para vender nuestra estupenda gastronomía (sobretodo en comparación con los puñeteros italianos, que con la pizza y la pasta se lo llevan crudo, y son una jodida plaga).

La verdad es que no me extraña. Especialmente después de ver el restaurante español de Inverness (o uno de ellos, no sé si hay más, aunque lo dudo):



La Tortilla Asesina. Con dos cojones. En el fondo, nos merecemos todo lo malo que nos pase.

martes, 13 de septiembre de 2011

Ruta por UK (7): Edimburgo (día 2), improvisación y rugby

Como decía en el anterior post, el B&B de Edimburgo en el que nos alojamos aquella noche se llama Murrayfield Park Guest House. Pues bien, resulta que Murrayfield es el estadio en el que disputa sus partidos la selección escocesa de rugby, y lo teníamos a cinco minutos de casa.



La tentación era muy grande, ¡ver un partido de rugby en Escocia, donde este deporte es casi una religión! Mi ¡santa! esposa no puso objeción alguna a que cambiásemos de planes. Así que decidimos pasar la mañana en la ciudad, ver el partido de rugby por la tarde y luego marcharnos rumbo a nuestro nuevo destino. De modo que por la mañana compramos las entradas, y nos fuimos a patear de nuevo por Edimburgo.

Para quemar el desayuno comenzamos el día subiendo al castillo, que está en lo alto de una colina:





Habíamos leído por Internet que, para lo que cuesta la entrada, no merecía demasiado la pena entrar al castillo, y que lo mejor son las vistas de la ciudad desde la explanada del castillo. Pues ni vistas tuvimos, porque en la explanada del castillo habían montado unas gradas.



Las gradas eran para el Military Tattoo, que no es una convención de legionarios sino un festival de música de bandas militares que hacían por la noche. Vamos, que entre el festival y el Tattoo, la ciudad estaba a reventar.

Volvimos a la Royal Mile, pasando de nuevo por delante de la catedral de St Giles, en cuya puerta había un gaitero vestido de gala tocando. Y ahí empezó el momento surrealista del viaje.

En el edificio de enfrente, que creo recordar que era un hotel, había gente vestida para ir de boda. Con lo cual, toda la gente que estaba allí pensó "¿A que hay boda en la catedral?". Y efectivamente, la había. Y como no hay cotillas en el mundo, empezó a congregarse una pequeña multitud junto a la puerta de la catedral. Y yo me pregunto: ¿a quién se le ocurre casarse en plena Royal Mile durante el festival? Eso es buscarse problemas ...

La expectación creció cuando aparecieron las damas de honor, vestidas rollo "La boda de mi mejor amigo":



Las damas de honor llevaban en la sangre lo de ser famosas, porque se las veía encantadas con la expectación que levantaron (hasta posaban para las fotos). Y cuando digo expectación, me refiero a esto:





Cuando llegó la pobre novia y vio semejante panorama, imagino que le dio un ataque y se negó a entrar por la puerta principal de la catedral. Acabó entrando por una puerta lateral, así que la masa cotilla no la pudo ver.

Más tarde, mientras comíamos, recibí una llamada del hotel en el que íbamos a pasar aquella noche. Nos llamaban para decirnos que había habido un error en el sistema de reservas, y que no tenían habitaciones libres para aquella noche.

Así que nos tocó improvisar. Buscamos una cafetería con wifi gratis y nos pusimos a buscar. Afortunadamente, encontramos una habitación en un B&B en un pueblecito al norte de Edimburgo que se llama Pitlessie, así que el susto de no tener donde dormir duró un rato y nada más.

Entonces pusimos rumbo al estadio de Murrayfield, dispuestos a ver un Escocia-Italia de rugby. Estos días se celebra el mundial de rugby en Nueva Zelanda, y este partido era un amistoso de preparación para el campeonato. En Escocia, el rugby es el segundo deporte más popular, por detrás del golf. O sea que la cosa prometía.




¿Y qué sé yo de rugby? Pues más bien poco, la verdad. Por lo pronto, que hay que estar un poco loco para dedicarse a este deporte. Y es que estos tipos hacen que te des cuenta de que los futbolistas son unas señoritas. Aquí sí que se dan leña de verdad, lo de Pepe son caricias. Pero oye, con lo que se sacuden jugando, apenas se encaran unos con otros, vamos, que juegan duro pero ya está.

A lo que iba. Antes de comenzar el partido, salió la tradicional banda de gaiteros para interpretar los himnos:





Primero sonó (en este caso por megafonía) el himno italiano, en honor al equipo visitante.



Como veis, los tipos comen bien. Y luego sonó el himno escocés:




Impresionante, y eso que solamente había media entrada. Y luego empezó el partido. La verdad, visto en directo, este deporte es espectacular.






Como buen reportero experto en este deporte, en la última foto capté el instante en el que un jugador italiano (mmmm ... tengo el nombre en la punta de la lengua) le da el pase por la espalda a su compañero (sí, hombre, el número 15, ese que es tan famoso) para que inicie la carrera que supondría el primer ensayo de Italia en el partido.

Creo que nos hemos aficionado un poco a esto, porque al cabo de un par de días pillé a mi santa esposa con un partido de rugby puesto en la tele. El partido en sí no tuvo mucha historia, Escocia ganó bastante fácil. Eso sí, cuando atacaban, el estadio rugía que no veas.





Ojo al suplente italiano con peto amarillo que, justo al acabar el vídeo se pone a hacer flexiones con el cuello. Menudo bicho.

Vaya, lo pasamos bien, en resumen. Y sinceramente, prefiero pagar unas libras por un partido internacional de rugby que por ver un castillo (otro más).

Acabado el partido, cogimos el coche y nos fuimos para Pitlessie, que es un pueblo en mitad de ninguna parte que no tiene nada que ver. Bueno, sí, tenía una habitación donde dormir, que no era poco en aquel momento.

Para que os hagáis una idea, llegamos a las 20:15, aproximadamente. Pues la dueña del B&B nos dijo que si queríamos comer algo nos tendríamos que ir a Saint Andrews (a 20 minutos), porque el pub local sólo daba de cenar hasta las 20h. Pocholo va mucho por allí.

Pero bueno, el apunte sobre este B&B lo dejo para el próximo post, que tiene tela.